Un sorbo de vida del que uno se deshace..

Ayer en la noche estaba en la banqueta de casa de mi abuela, recargada en la camioneta y perdida en la luz encendida del porche de la  casa de enfrente, más pequeño que en la memoria, tenía muchos años de verlo a oscuras.

Que se murió doña Trini me contesto mi tía cuando le pregunte por ella. Me perdí  más en la luz, en sus peces de colores que alguna vez alimente de niña. Era la casa de enfrente, era porque ya no es la casa de doña trini, sino la casa del tanates de su hijo.

Desde ese porche oscuro tenia la vista completa de la casa de mi abuela y cuando sentada en la mecedora las escuchaba contar historias veía la casa como quien mira el escenario de un teatro. A veces mi abuela y doña Trini se peleaban y pasaban semanas y hasta meses sin siquiera darse los buenos días hace unos años se pelearon por no se que cosa pero  fue tan intenso que me tío Carlos tuvo que interceder para que hicieran las paces. Para ese tiempo doña Trini ya estaba enferma y salía muy poco al porche de su casa. Antes de su enfermedad (tristeza según los doctores) Doña trini pasaba toda la tarde sentada en su porche. Le gustaba comer cabrito y recibía una pensión por sus muchos años trabajando como intendente en una escuela. Crio sola a su hijo y fue él su único gozo y decepción. La recuerdo gritando “Mimiliche, traime una diet!” cuando me veía salir para la tienda, sonriendo, siempre sonriendo desde el fondo de su casa donde se encontraba la cocina.

Nadie sabe que día murió porque su hijo sencillamente calló el hecho hasta que hace unos días mi tía le pregunto por su mamá y él solo se limito a informarle que había muerto hace unas semanas y que la había cremado inmediatamente.

Así que si nadie publico una esquela, si no hay una tumba con su nombre y si nadie paso una noche velandola yo al menos intento rendirle tributo con estos párrafos.

A Doña Trini la vecina de enfrente, parte del elenco de mi historia, Le mando flores a su pasado, a sus días de gloria (sean cuales fueren) y le dejo una tarjeta deseándole que haya muerto un día de estos que hacia mucho calor y que el sol brillaba intensamente.

-¿Ya murió? ¿Y de qué?
-No supe de qué. Tal vez de tristeza. Suspiraba mucho.
-Eso es malo. Cada suspiro es como un sorbo de vida del que uno se deshace.

Juan Rulfo.

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