Peregrina de un libro. 

En la capilla alfonsina descansa un libro que intente comprar en el mercado negro de los pdf’s, en las banquetas de ciudad de méxico, en los distribuidores autorizados mas reconditos etc.. etc.. etc. No lo encuentras ni en la biblioteca de filo y hasta llegue a pensar que habia sido invento mío… malamente pues el robo de su propiedad intelectual es lo que mata al escritor mil veces más que el olvido. 

Pero lo encontre. Entre sus hojas dejo timidamente un papelito blanco para separar mi lectura porque la unica copia que quiza hay en toda la ciudad es de solo prestamo en sala… a partir de hoy el papelito blanco (al igual que el zapatito del mismo color) me espera fielmente.. sabiendo que a nadie más le mortifica aquella historia espero encontrarme con él todos los lunes hasta terminar mi lectura.

Siglo XX.

Estas casas de las que ya nadie se acuerda, estos faroles que alguna vez fueron los más elegantes, estas puertas por las que antes pasaron felices los invitados, los pretendientes interesados o los sinceramente enamorados. Esto aqui esto allá, allá donde quien sabe donde van a parar todas y cada unas de las cosas que alguna vez adornaron este hogar. Porque este escombro alguna vez fue eso, alguna vez fue paz y calor de familia. Lamparas, tenedores, colchones, fotografias.. tesoros que naufragaron con un apellido, me aterra ver que tantas cosas se desvanecen como si nunca hubieran coexistido.

Ahí queda este paramo amalezado y una pequeña entrada que se burla de su destino, alguna vez la más elegante del camino salvaguarda triste las ruinas de un hogar que fue tragado por la incertidumbre de un siglo.

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Abrázame que el tiempo pasa y ese no se detiene..

Recibimos más información de la que nuestra memoria interna puede procesar. Llegaría a conclusiones mucho más importantes si tuviera tiempo de asimilar todo lo que se me presenta. Quizá podría contribuir al acervo cultural del mundo y torturarme menos, porque he sido programada con el chip del sobre análisis. Apenas carburo lo que ocurrió hace mil setecientos años.. ¿cómo entender lo que mis oídos acaban de escuchar?

Frente a la casa había un jardín,  creí que esa pelusa verde solo existía en las películas. Mis veranos, como en El club de las niñeras o Stand by me se vivían en un suburbio norteamericano. La pelusa verde, el aire acondicionado, la alfombra y el portón eléctrico le hicieron creer a mi mente de niña que aquello era lo más cercano a la opulencia. Paseábamos por la ciudad buscando yardsales y Jack in the box donde comprar malteadas. En el automóvil alguna estación chicana pero de preferencia Juan Gabriel, cuando la cinta tocaba Amor Eterno era  ritual subir el volumen… Su esposo murió casi al mismo tiempo que mi mamá se divorció y así fue como dos mejores amigas de la juventud encontraron un lugar común en su nuevo estado civil.

De aquellas semanas enteras me quedan muchas cosas, como mis horas escuchando pláticas serias de adultos o el aprender que en un lugar tan horrible como un MALL los sueños pueden volverse realidad. ¿Cómo adivinar que  esas horas gastadas en contarle a la gente lo que haría en el momento que lo conociera se transformarían en realidad? Juanga, la estrella de su vida, y ella en una misma fotografía. Una fotografía en la que aparece completamente petrificada e inexpresiva. Aun para la gente extrovertida hay situaciones que van mas allá de sus habilidades sociales…

Juan Gabriel está muerto, aquella casa ya no existe ni las pláticas de sobremesa ni nada. El tiempo pasa y el nunca perdona

—-¿A dónde esta toda esa gente de la que ya no hablamos? ¿Cual viento arraso con su presencia y avivo las llamas que incineran su recuerdo? ¿A dónde… a dónde fueron? En alguna esquina seguramente nos esperan, en forma de recuerdo o ausencia están sentados contando historias con las que en otros tiempos nos endulzaron los oídos. Otras vidas que transcurren en paralelo a la mía, y no logran sintonizarse.. como una estación de radio cuando te alejas de la ciudad, como una fotografía a la que el tiempo insiste en robarle los colores. A donde quiera que estén, espero que estén, que sean, que vivan, que encuentren a sus ídolos en la calle o una oferta del 70% más el 20% en toda la tienda, que tengan un cupón para una free soda y las letras de una canción de Juan Gabriel reconfortando el alma.—

Adios 2016.

Te lo digo tarde.. como  me es costumbre.

 

 

 

We won’t stop running ‘til we get to the lights.

El 1511 se me confunde en la cabeza con el numero de la casa donde vive mi abuela. Ese quince-once que esta sobre una calle cuyo nombre no puedo recordar (o más bien pronunciar en voz alta) es el numero de la casa donde vivió el personaje de la entrada más aclamada en este Blog. No escribo el nombre porque el 95% de las visitas en este sitio se consiguen al escribir en Google el nombre de dicho doctor y esta entrada es solo para suscriptores VIP que caen en este sitio sin saber por que  y que  de casualidad leen este post y de casualidad lo siguen leyendo aunque no saben muy bien a donde voy… ahora mismo les resuelvo el misterio.

Desde aquel día en que escribí la entrada sobre el doctor que inspiro a Hannibal Lecter muchas veces quise pasar por enfrente de su casa-consultorio y quedarme ahí un rato viendo el lugar… hoy fue ese día.

¿Por qué no lo había hecho antes? Pregunta retorica.

Siempre que pasaba en auto  miraba la numeración y estaba un tanto indecisa sobre cual era la casa: El tejaban a medio morir? La casa perfectamente normal? La casa en eterna remodelacion? o la casa perfectamente normal pero en decadencia?… Esta ultima fue la ganadora.

La cosa es que el número no es fácil de ver… tiene una plaquita azul con letras blancas idéntica a la que tiene la casa de mi abuela, pero en vez de tenerla en exterior esta sobrepuesta en una ventana.  La casa comparte porton con la casa de alado el 1509,  por fuera da la apariencia de ser una casa enorme por culpa de este porton, pero en realidad es una casa pequeña con cochera para un auto y de hecho ahí esta un auto viejo olvidado… ¿Qué hay en la guantera de ese automóvil? te aseguro que en 10 o 15 años nadie lo ha movido de su lugar . No tiene placas y no hay ningún nombre o marca visible ni en los costados ni en la cajuela. Ese fue mi primer contacto con la casa… pase de largo y me fui a comprar una paleta.

No creas que este encuentro cercano del tercer tipo es algo espontaneo. Tengo años dando vueltas a la idea en mi cabeza, esa es la clase de cosas en las que me aviono, la clase de cosas por las que la gente se ríe de mi y por las que se que soy incapaz de conducir un automóvil sin ocasionar un accidente. En mi mente me acercaba a una viejecita para preguntarle si por ahí no consultaba algún doctor, que me abuela me había dicho que por ahí era y que si no me podía dar noticias.. y entonces en mi mente la viejecita me contaba todo.. absolutamente todo.

Entonces lo vi. Se fumaba un malboro mientras arrastraba un tambo azul de esos en los que se hecha la basura.. y tal cual lo imagine le hice la pregunta. Replico tres veces que no había y entonces le dije que fue mi abuela la que me había mandado. “Entonces te mandaba con Alfredo Baxxi pero ya murió, vivía ahí en esa casa donde están entrado las señoras”

De un taxi se bajaba una familia, abrieron la puerta y se metieron al 1509, la casa espejo del 1511. Detras de las puertas un pequeño taller de costura. ¿Quien vive en esta casa? La sala vieja tirada en la banqueta de la casa donde venden los tacos mas pordioseros y miseros que hayas visto me recuerda que no es barrio para andar haciendo esa clase de preguntas.

Me senté como si estuviera esperando el camión, contemple la casa un par de minutos más hasta que el atardecer comenzó a sentirse y me convenció de que yo no tenia nada más que hacer ahí.

 

¿Sueñan las niñas globalizadas con culturas autenticas?

La respuesta es Sí. Sí sueñan con el sur de italia y  la hermosa tarantella napolitana sonando en la arquitectura de cada calle y en el sabor de cada  comida. Sueñan que todo es igual a la boda que Vito Corleone le pago a su hija y que una vieja señora canta Che la luna mezzo mare en cada esquina. No esperan ver ahi un mcdonald’s ni un puesto de comida china. 

¿Sueñan las niñas globalizadas con culturas autenticas? La respuesta es sí aunque suene bien tonto no se les puede culpar por tener esos sueños, porque se formaron la idea de un mundo a travez de los VHS que rentaban (digamos a sus 13 años de edad, digamos en el video Vero por la modica cantidad de $10) y que veian en su television marca Zenith mientras comian palomitas de maiz Act II  y una barra de chocolate heshey’s, envueltas en la colcha san marcos que su mamá compro con un papel moneda que ya no se usa. Y mientras mira a esos italianos que viven en nueva york atesorar sus tradiciones ella misma diluye las suyas y las embarra en este imaginarium que nada tiene ya de original.